Lo que más nos sorprende de Chihuahua es algo simple, su cielo azul y el sol: su luminosidad. El aire tiene una transparencia que permite inundaciones de la luz de una forma clara, sosegada. Tenemos cuatro días aquí y no deja de maravillarnos. Ahora entramos a un café y vemos la puesta de sol por las ventanas. Es increíble hallar tan diferente un elemento como el sol, en dos tierras y ciudades tan cercanas: Monterrey y Chihuahua. -Crónicas de viaje-
Vivíamos en la colonia Roble, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, cuando se apareció Eloy invitándonos a trabajar a unos ranchos lejanos. Le decía a nuestro padre -de una forma por demás confiada y efusiva-: Manuel, estoy buscando gente para ir a pizcar manzana en Cuauhtémoc, Chihuahua. Se gana muy buen dinero y es nada más una temporada corta; si no te quieres despegar de tu familia te los puedes traer, también hay chamba para ellos. Manuel López y Eloy Morín parecían tenerse confianza: bromeaban, bebían juntos y platicaban largos ratos; Morín vivía a dos cuadras de nuestro hogar y había sido supervisor de papá en la fábrica de Industrias Automotrices, S.A. (IASA). Nuestro padre era comerciante ambulante, en ese entonces, y pensó la propuesta de aquel amigo, pero aunque este le insistió una y otra vez, una y otra vez, siempre le contestó que no: Aquí estoy muy a gusto con mi puestecito de tacos, ¿qué voy a hacer a una tierra lejana y desconocida, donde dicen que hace tanto frío? Un día de invierno papá nos sacó de nuestros juegos y nos llevó a la cocina para sentarnos alrededor de la mesa, traía en las manos envuelto algo, lo colocó al centro y lo desenvolvió; luego exclamó en tono ceremonial y orgulloso: Aquí tengo un pedazo de carne que me dejó Eloy antes de irse, me pidió que se las diera a probar, es de un oso que fue cazado en la sierra de Chihuahua. A continuación cortó cuatro pedazos y los repartió entre los tres hermanos más grandes y nuestra madre. La carne era algo dura y muy gruesa pero sabía bien; sin embargo, lo que más recordamos de aquel trozo es el sabor y conciencia plena de un territorio llamado Chihuahua, de sus montañas, de su gente.
Del señor Eloy Morín ya no volvimos a tener noticia, papá cuenta que desapareció y nunca volvió. Nadie sabe si sigue con vida, murió en la quema o está preso. Nosotros, cada vez que volvemos a probar carne de oso y escuchamos una vieja balada nos acordamos de él:
Se oyó la voz de R1 un domingo en la mañana cuando le dijo a su gente: “Vamos a pizcar manzana ahí les dejó un anticipo y nos vemos en Chihuahua”
En la prensa publicaron por medio de una embajada que en un rancho del desierto allá en Búfalo, Chihuahua había diez mil toneladas de la famosa manzana.
No disparen iSoy gente! El fuego es gente El sol es gente La luna es gente El agua y el viento son gente Gente muy importante
El sol, todos lo sabemos Es nuestro padre Y la luna nuestra madre pero a veces lloran porque nos portamos mal
Todo es gente y no deberíamos hacer enojar a la gente
La gente de hierro habla habla mucho pero no le entiendo
En la taiga no estamos solos nunca Viene mucha gente: el cuervo, el tejón, los ratonesEn la taiga las narices y los oídos ven igual que los ojos En la taiga no comprendemos cómo la gente puede vivir encerrada
Nos falta aire en la ciudad, tenemos que irnos de ellas porque si no, moriremos de tristeza
el misil topol ruso de herencia soviética el topos uranus de herencia asiática el topos lobampus de herencia heleno cahita el animal ciego que horada la tierra el agua mineral Topo Chico el volcán del Topo Grande el taller del Topo Chido la toponimia que quiere nombrar para siempre al mundo y la topoNydia que lo re crea a cada instante según el paisaje sonoro ritual de las horas que pasan
Podría ser que noche perros bermejos te ladren desde el más allá porque así lo han hecho desde antes de tu nacimiento y así lo harán después de la muerte del último de tus descendientes
Podría ser que de noche perros bermejos te ladren desde Venus: estrella de la tarde, estrella del amanecer
Podría ser que el eco de su luz roja te guíe hasta el centro de la tierra por el camino de tus antepasados que es el de tus hijos
Porque los perros bermejos ladran desde el más allá y tu ya estás muerto parado junto a una gran avenida sin poder distinguir entre el día y la noche o el paso de las estaciones sin poder distinguir entre la creciente que baja de la montaña y el ruido cadencioso de los autos que atraviesan de lado a lado el costado y el sueño de la ciudad
Podría ser que con los ojos de los perros bermejos un día de éstos me veas pasar...
Anoche soñamos en un sueño que estabámos en el ejido Cerro Prieto. Todo el día hemos traído de encargo esa visión pero no logramos verla en un secuencia narrativa básica, en una historia.
Apenas recordamos la cercanía del mar, o el gran espejo de agua de la presa, casas o chozas de los parientes, veredas, la carretera que bordea el cerro y parte en dos al rancho; pero, sobre todo, tenemos presentes las piedras con grabados: dos o tres rocas tatuadas con figuras que han sido remarcadas de blanco. Las piedras son de tamaño regular pero pasan sin dificultad de mano en mano entre nosotros y alguna gente del ejido. Las levantamos reverencialmente a la altura de nuestros ojos, frente a la mirada de todos y contamos o cantamos algo sobre ellas, o con su pretexto, no sabemos qué.
Durante el día, esta última imagen nos acompaña y nos trae a la mente que la gente vieja de Cerro Prieto nos contaba que había peñas “con figuras y letras de los indios”, en la punta del Cerro, pero cuando hicieron la gran presa quisieron construir un hotel en la cima y las máquinas las derribaron o enterraron. Según cuentan los planes del hotel abortaron porque se abrieron varios ojos de agua y los “Caterpillar” y “manos de chango” ya no pudieron trabajar.
También viene a nuestra mente la piedra con un grabado que cierta vez bajamos de la Loma de las Vacas, colina situada frente al Cerro Prieto, se trataba de una pequeña roca que llevamos a la casa de la abuela Rosa Prequeño, que por ahí anduvo rodando; a veces estaba debajo de la cama o en el patio, otras, sostenía la puerta de la casa para que no se cerrara de golpe con los vientos de la llanura costera del Golfo. Poco antes de que la abuela enfermara y se la llevaran a la ciudad la piedra desapareció; le pregunté por ella a la más grande de los Pequeño y no le dio importancia. Dijo “por ahí debe de andar barrumbada, o se regresaría a la loma”. La buscamos piedra por piedra en el solar y no hallamos nada.
Mientras escribimos lo anterior se nos figura que, una de las piedras rayadas del sueño, tiene el dibujo de un enjambre de estrellas, como si el grabado de blanco sobre la roca fuera una constelaciao.
Suspiramos, ni sikiera la muerte es ausencia. Debemos ir a visitar a la abuela enferma, subir al Cerro Prieto y caminar por los solares abandonados y teñidos con sangre de los ancestros; volver al Valle de los Hualahuises y los Ampapa Caeme Amiguas para nadar en las aguas que bajan de la Peña Colorada; cantar un par de canciones sagradas en la noche constelada del verano viendo caer los astros rumbo a la Sierra Pamorana y la Sierra Chiquita mentada que tiene su rayo hacia al oriente.
Refierese a grupos fantasma de investigación creados en facultades de universidades como la UANL. El objetivo de los mismos es hacer como que gestionan el saber "porque lo que es bueno para la Universidad es bueno para nosotros…", a traves de mecanismos como los siguientes:
Primeros foros o seminarios internacionales de algo, donde participan los organizadores, dos de sus amigos y algún visitante extranjero (98 % de posibilidades de que este último sea un francés, español o norteamericano radicado en el D.F.).
Coordinación de libros con re versiones de artículos y ensayos elaborados por ellos mismos, sus alumnos favoritos, además de amigos y familiares.
Este tipo de mecanismos funcionan, a la vez, con la única intención de obtener puntos en los escalafones del ESNIF, CONASHIT, PROMEP y cantidad de siglas académicas más, que se traducen en dinero y poder; en consecuencia, el fin último de los puercos académicos es engordar en un cubículo chiquero universitario para conservar y heredar la plaza.
Realizado en colaburración con Nydia Afrorraramuri y con una beca de doctorado del Programa Nacional de Posgrdo de Calidad del COANCYT
Altai le quiere dar de comer a uno de los gatos ferales del ejido Cerro Prieto, bestias que, en tierras situadas más al norte, son conocidas en ciertas noches de tormenta como gatos de mar.
Estamos de paso y traemos pocas provisiones por eso le insistimos que no puede darle su comida a ese gato. Nydia añade que -además- lo convertirá en un gato defectuoso porque se impondrá a la comida fácil y dejará de cazar en el monte.
Pero la niña sigue empecinada y sin dejar de caminar con su plato se dirige rumbo al felino.
Altai -le insisto con fuerza- no puedes darle tu comida a ese animal.
Pero ella parece no escuchar y avanza decidida, al mismo tiempo que señala "si se la voy a dar porque tu me has dicho siempre que comparta y voy a compartir con el; además, los gatos no pueden andar en dos patas como nosotros".
Ante semejante argumentación, es ya casi imposible detenerla por lo que intentamos un último recurso y le decimos: "Bueno, a quién quieres más, al gato o a mí".
A lo que responde rápidamente (de hecho, antes de que termine mi frase anterior): "al gato, al gato, al gato..."
Viajamos de Monterrey a Parral, la capital del mundo y próximo puerto marítimo aeroespacial; del archipiélago metropolitano de Monterrey a Chihuahua, lo que la literatura básica de las islas denomina territorio continental. Dormimos a intervalos y en el entresueño recorremos la comarca lagunera en un tiempo y tono crepuscular. Son poco después de las 12:00 de la noche y hay mucha gente en las calles, especialmente niños, adolescentes y jóvenes. Le comentamos a Nydia que siempre que pasamos por esta región cerca de medianoche hay mucha actividad a horas que, en nuestra tierra, la gente duerme. Observación que ella corrobora. Luego el autobús se detiene en una central camionera y bajamos a estirar las piernas y comprar alguna chuchería. Cuando despertamos vamos entrando a la central de Gómez Palacios, Durango y bajamos a estirar las piernas.
"Con mucho gusto. Bueno, efectivamente, ya diversas acciones del Gobierno del Estado se han ido encaminando hacia el desarrollo de la industria aeroespacial (...) El día de hoy el señor Gobernador instala este Consejo Ciudadano Asesor del Gobierno del Estado, me voy a permitir, ya el señor Gobernador lo esbozó, simplemente cómo quedarían algunos de estos puntos formalizados ya en un acuerdo que el señor Gobernador firma para la instalación oficial de este Consejo, el cual tiene como objetivo principal el desarrollo y la consolidación de la industria aeroespacial, a través del análisis de las propuestas surgidas dentro de este Consejo, de los sectores público, privado y sector académico. El Consejo tendrá por objeto, primero, fungir como órgano de consulta y de apoyo para las empresas relacionadas con el sector aeroespacial y el Gobierno del Estado de Nuevo León". -Mensaje del C. Secretario de Desarrollo Económico, Lic. Eloy Cantú Segovia. Durante la Instalación del Consejo Ciudadano Asesor del Gobierno del Estado para el Desarrollo de la Industria Aeroespacial, en la Planta FRISA WYMAN GORDON, Santa Catarina, 22 de Julio del 2004-
"Rayando el Sol... Tumbando Unos y Estrellas..."
"Para que queremos escalas en la luna si para llegar a Marte, la Tierra..." -Graffitis en el museo de sitio de la Estación Espacial Internacional-
"Que chiquita es la Sierra, que pequeño es el Mundo, y qué divertido es el Universo". -Refrán-
"Cuando vayas al espacio haz un recuerdo de mí". -Canción, los Astros de China y Lucero Norteño-
“Cuando eleves tu mirada al cielo y al infinito y veas brillar los astros, mi alma estará contigo”, esas fueron las palabras de aquel viejo arrepentido." -Corrido, Viejo Arrepentido. Los Impostores de Nuevo León-
Para los habitantes de Nuevas Colonias y las miles de áreas metropolitanas que no aparecen en los mapas terrestres.
Nuevas colonias. La última frontera.
Existen sectores periféricos de las ciudades que no aparecen representados en la cartografía de la tierra y prefiguran avanzadas coloniales en el espacio exterior. En medio de terrenos marcianos o lunares hay casas fabricadas y armadas en serie con menos espacio interior que una estación orbital de la serie Mir; en lontananza, a veces espejismos, las antenas palpitantes de telecomunicaciones evocan paisajes urbanos del sistema solar nativo y hay manchas de césped siempre verde y brillante que parece natural. No pocas calles y carreteras de estas poblaciones desembocan en la nada y las estrellas, que están al alcance de la mano; seguido, las disfuncionales familias colonizadoras se reúnen para contar historias acerca de su Madre, La Tierra: sobre las urbes nodrizas situadas a miles de años luz. Cuando alguien se comunica con alguna de estas constelaciones del área metropolitana, las voces suenan como de otro tiempo, del más allá o de otro mundo. Se cruzan, fugazmente, en la transmisión, señales que ya no vemos y no entendemos: diálogos de programas cómicos de la televisión albanesa, manifiestos de todo tipo transmitidos por la vieja red internet, saludos de radioaficionados enviados con tecnología de Punta Chueca, Sonora. Varias veces hemos visitado esos sectores fronterizos para ver a nuestra hija y nos sorprende la calma de sus habitantes, su paciencia ante la gravedad cero y la falta de sol en el horizonte. Al parecer, la gente de La Tierra se acostumbra pronto a que le den facilidades en situaciones límite. Por eso, cada vez son más los individuos y grupos que no dudan en tramitar su crédito de vivienda interestelar, abordar los transbordadores económicos de manufactura china o brasileña y esperar la cuenta regresiva para incendiar las naves. Además, el fondo social para la preservación de la vida humana asume periódicamente todos los gastos de transporte y adaptación de cuotas de colonos. Tampoco es insignificante la cantidad de individuos que elude los retenes siderales y las volantas interplanetarias por problemas con las leyes del sistema solar o de quienes por simple afán de aventura parten sin autorización: todo con el fin de participar en la Conquista de la Estratosfera. Desgraciadamente, muchos de estos últimos mueren congelados, pulverizados o de hambre y sed antes de llegar a su destino. Hasta los que logran cruzar más allá del Cinturón de Asteroides pueden ser deportados o condenados al exilio en alguno de los tantos planetas prisión, aunque es un secreto a voces que fuera de la zona franca del Sistema Solar, la Metrópoli relaja los controles y de vez en cuando otorga amnistías individuales o colectivas. Los menos, en esta carrera hacia la periferia, son individuos de tribus como Los Dogon, Los Pamoranos y los Guaykura-Guararé, quienes se amparan en la siguiente fórmula mítica: "Nuestra gente, La Gente de La Tierra, no se va, regresa" y reivindican ser primeras naciones de las estrellas por usos y costumbres. Los primeros son mayoría en rincones del universo despreciados por muchos como Sirio A y Sirio B, mientras que a los segundos no se les ha podido desalojar de Venus y sus inmediaciones, planeta que administran como zona franca de casinos, aduanas, comercio y contrabando. Los Guaykura-Guararé se cuecen aparte porque los podemos encontrar dispersos en casi cualquier colonia de la periferia estelar, pero siempre dentro de los límites de la Vía Láctea; por creencias atávicas nunca van más allá de lo que ellos denominan su matriz o nodriza: la Galaxia Mantarraya.
Desde luego, en estas comunidades las condiciones de vida son extremas para todos, o por lo menos difíciles. Una coca cola en lata o un periódico impreso son cosas de ciencia ficción. Durante nuestros dos últimos viajes no había café ni sal en el cuadrante en el que nos hallábamos. Los colonos se disculparon con resignación afirmando que los últimos contenedores de esos productos se habían terminado días antes y que tendrían que esperar al próximo transbordador de suministros, el cual tardaría meses en volver de alguna de las plataformas espaciales internacionales operadas por Halliburton y Wall Mart Co. El espacio vital es también una preocupación y problema. La conocida frase "entre más lejos en el espacio exterior, menos espacio interior", se comprueba fácilmente en estos sectores. Aquí todo está miniaturizado en relación inversamente proporcional a la distancia que la población tiene de La Tierra. condición lógica si tomamos en cuenta las grandes distancias que privan en la noche de los siglos. No obstante, para los espíritus cosmopolitas y con cierto interés mito poético u antropológico, son sectores fascinantes. Los niños y niñas juegan a la guerra de las galaxias o los caballeros del zodiaco, se venden reguladores psicotrónicos por radio frecuencia y se escuchan ritmos de todos los rincones de la galaxia: grupos vallenatos originarios de Planeta Rica; versiones de rolas oldies como “Eye in the Sky”, de Alan Parsons Project; además, música tradicional de las ciudades madre: los Satélites de Reyonsa, los Cometas de Laredo, los Luceros de Terán y los Atómicos de Baja California Sur. Desde luego, encontramos viviendo en la colonia más insignificante gente de muchos pueblos del tercer planeta. Durante nuestras visitas hemos conocido a una mujer Saharaui, casada felizmente con un laborioso pigmeo del Kalahari; ella tiene dos hijos, uno de su primer matrimonio con un estadounidense y el segundo fruto de su relación con el africano. En su casa son comunes las ruedas de la cumbia y el prender la vela. También departimos alegremente con una joven de sangre Tahína que tiene fe en los reguladores psicotrónicos y es editora del periódico Milenio Estelar. Tampoco es extraordinario toparse con individuos de algunas etnias que se creían extintas en las naciones del Planeta Madre; personalmente, hemos conocido mujeres Caribes, Huachichilas y Afrochichimecas, así como niñas Altaico Cyberianas de la primera migración con ascendencia tribal Tuarake. Y lo mejor está por venir: generaciones completas han nacido ya en las Nuevas Colonias, por lo que étnica y legalmente son alienígenas; lo mismo podemos decir de aquellos bebés que cumplido el año pueden pasar a residir en el espacio exterior, según las estrictas regulaciones de la Federación Estratosfera (Fed Ex). Estas últimas camadas no son ni de aquí ni de allá y empiezan a dejarse escuchar, a años luz, reivindicando la doble identidad planetaria. Este estado de la cuestión sobre la vida alienígena puede parecer algo paradójico pero en realidad es natural que los primeros extraterrestres con los que nos topamos sean de ascendencia directa homo sapiens, porque desde el siglo XX concebimos la vida del espacio exterior a nuestra imagen y semejanza. Nunca buscamos vida extraterrestre diferente a la de nuestra secuencia física y bioquímica, sino un espejo. Recordemos la devoción con que los científicos de las primeras misiones a Marte buscaban agua o vestigios de hielo en el planeta rojo. De hecho, alguien muy sagaz comentó, en la infancia de la era espacial, que al buscar vida fuera del planeta, en realidad buscamos saber quiénes somos; o como dice un anciano recién emigrado a las estrellas, junto a sus ancestros: No buscamos conquistar el cosmos sino ensanchar el solar de nuestra infancia, regresar a Ella y Ella se llamaba La Tierra.
Houston-Baikonur (Texas Khazajastha), Diciembre 2008.
Parte 1. El barrio, la cuadra. Las casas, San Nicolás centro.
1.1. El barrio: hogar interior. La primera casa que recordamos estaba ubicada en el centro de San Nicolás de los Garza, Nuevo León; para llegar a ella teníamos que recorrer, desde la calle, un pasillo estrecho de vecindad. Era un hogar con vigas de madera y techo de lámina del que siempre evocamos, la acústica de la lluvia: sonido recurrente que todavía nos generan calma, sosiego. Sobre este espacio pensamos ahora que “estar dentro del mismo era estar doblemente adentro”, porque de la calle teníamos que penetrar al interior de la vecindad para luego poder estar dentro de casa, se trataba de una sola entrada con una salida. Esta casa la habitaron después una tía y un tío recién desempacados del rancho. No recordamos su fachada ni ningún otro detalle de la misma, aparte de las vigas y el techo mencionado. Ahora bien, desde esta casa y vecindad, cruzábamos la calle rumbo poniente para entrar por otro pasillo y visitar la casa de unos primos. Esto último nos era especialmente grato porque el patio de ellos conectaba con otro patio muy grande y semi abierto -estilo rancho- que tenía un gigantesco mezquite al centro; en las ramas de esta árbol dormían varias gallinas.
Altai pregunta: "¿Había mamutes grises?". Le contestamos que si, y que también había mamuts con el pelo de color café y negro pero que todos se acabaron. "Si, ya se", nos dice segura. Luego añade una de sus preguntas superpoderosas: "¿Entonces... ya no hay mamuts de colores en el mundo?"
Ella nos contestó medio asustada soy de los otros...
Al escuchar su respuesta pensamos cantarle el verso de una canción popular, allá en la Tierra Nuestra, ese que dice y estuve a punto de cambiar tu mundo de cambiar tu mundo por el mundo mío.
Pero mejor permanecimos en silencio y regresamos...
"Mira mami, yo ya te dije que me cambies a un kinder donde me dejen llevar lonche, vendan comida chatarra en el recreo y que encarguen tarea... porque si no me aburro. Un kinder como en el que estaba antes, el de las vaqueritas".*
*Kinder de las vaqueritas. Kinder en el que la niña Altai cursó su primer año de educación formal; su denominación deriva de lo más significativo que recuerda Altai del mismo: su participación en el baile de las vaqueritas, durante la fiesta de fin de cursos. Altai, 2006: comunicación personal
"Papi, hay que hacer un plan para volar, pero no en avión ni en helicóptero ni con paracaídas. Volar así, sin alas... O, bueno, si con alas pero como las de los pájaros o las hadas".