quinta-feira, setembro 18, 2008

Entre ciclones. Memoria de Huracanes: Historias y relecturas del Hurakán Gilberto (parece que ya lo subimos pero es que es aniversario).

-¿Y usted qué se acuerda del Huracán Gilberto?
-¡Pues nada!, nada más que tuve que amarrar el arbolito de la casa para que no se lo llevara...
Fragmento de diálogo, 16-IX-03


Introducción.

En este escrito recordaremos y comentaremos algunas referencias orales derivadas del impacto del huracán Gilberto, en el área metropolitana de Monterrey (17 de septiembre, 1988). Las narraciones surgen de nuestra memoria individual pero seguramente guardan semejanza con otras historias sobre el fenómeno, arrastradas por ahí, en las aguas revueltas de la memoria colectiva.
Para efectos de que parezca un trabajo serio y de pretensiones científicas establecemos una clasificación tentativa para cada una de las referencias.

I. Vientos Hurakandos. Fenómeno natural y contexto.

Empecemos por lo básico, el vocablo que identifica al fenómeno es caribeño y proviene de la voz taína “Huracán” o “Juracán”, que según los ke saben significa “viento”, “soplar”, “tormenta”, “padre de los vientos”. Muchos sentencian que los pueblos Taíno se extinguieron completamente, pero otros sabemos que dicha afirmación es falsa; vocablos Caribe como este y nuestra prima Jennifer López demuestran claramente lo contrario.
Septiembre, es tiempo de Huracanes en el Atlántico Norte; específicamente, en el Mar Caribe. Algunos de estos meteoros agonizan en nuestra región -en Bravo todos lo saben- a fines del verano. Tiempo propicio para escribir de ellos.

II. Corral de hurakanes, estampidas de agua.
Había llovido en la sierra se esperaba una creciente...
Hablar de ciclones no es ocioso en estas tierras; una larga historia lo demuestra y nuestra condición geográfica también. Aproximadamente la mitad de Nuevo León está dentro de una región denominada Llanura Costera del Golfo. Aquí, los mitos sobre el desierto son sólo eso: historias ejemplares reproducidas y mantenidas por élites económicas y culturales.
Tan familiares nos son estos fenómenos que la música popular de acordeón y bajo sexto tiene por lo menos dos dignos representantes con su nombre: los desaparecidos “Huracanes de Teherán”, y los exitosos, en el presente, “Huracanes del Norte”.
La Sierra no es barrera suficiente para protegernos de los dioses caribeños cuando se enojan; es vox populli que nuestra cordillera madre oriental nos protege de las tormentas marítimas pero también lo es que viene a servir como tumba de algunas otras; cuando esto último sucede sus lluvias y escurrimientos derivan por sus cañones y laderas causando destrozos en los valles adyacentes, como el de Extremadura, hoy Monterrey.
Añádale a lo anterior nuestro río Santa Catarina, seco e insignificante la mayor parte del tiempo pero con un declive muy particular, que durante ciclos de grandes crecientes arrastra todo a su paso con fuerza.
Huracanes se acercan casi todos los años pero cada dos décadas, aproximadamente, llega uno de grandes dimensiones; entonces, parafraseando el título de un libro “El río, fiera, brama”. No es necesario realizar una cronología pormenorizada para demostrar esto último, un dato es suficiente: el gran ciclón antes del Gilberto fue el Beulah, que también azotó varias ciudades del Noreste, en 1969.
En fin, entre el Golfo de México, la Sierra Madre Oriental y el Río Santa Catarina, tenemos nuestro corral y estampida de huracanes; la falta de infraestructura urbana moderna y previsión, frente a las lluvias, explican todo lo demás; por ejemplo, que en casos como el del huracán Gilberto haya más perdidas de vidas aquí, que las registradas en todas las islas del Caribe y la costa del Golfo de México.

III. Referencias orales derivadas del ciclón: recuerdos y relecturas.

Como historia de fantasmas y justificación iniciática.
Fue un par de semanas después del Gilberto, daba clases en un autodenominado Colegio Hispano Francés, en San Nicolás, y una alumna aseguraba que tuvo la revelación de sus “poderes” como vidente, gracias a un muerto provocado por el metoeoro.
Un ahogado arrastrado por el río Santa Catarina se le aparecía en sueños y le pedía, de favor, revelara a su hermana el sitio en el que se hallaban sus restos. El espíritu le señalaba como prueba un anillo de ciertas características: “ve a tal sitio de Cadereyta”, le suplicaba, al mismo tiempo que le daba santo y seña: “hallarás el anillo, luego te contactas con mi hermana y se lo muestras para que te crea, saque mis restos y me lleve a enterrar”.
Según esta alumna, el aparecido le especificaba la dirección y el teléfono de su hermana. Finalmente, ella cumplió, siguió las instrucciones del muerto y encontró el anillo, entonces habló a la hermana para que sacaran el cuerpo y le dieran cristiana sepultura.
Las apariciones del ahogado en sueños, cesaron; pero, desde entonces, tenía otras visiones y aseguraba que se iba a dedicar a ayudar a la gente con sus poderes; poderes que no recuerdo.

Como aceleración de las eras geológicas.
Si lo anterior les parece algo inverosímil tendrían que haber escuchado el comentario del padre Julio cierta vez que regresábamos del sur del Estado. Fue en un tramo entre Iturbide y Linares, en uno de tantos parajes portentosos de esa parte de la montaña que el padre Julio afirmó: “Miren, como con el Gilberto cambió el perfil de la sierra, se alteró completamente”.
Medio burlón señalé que si el Gilberto era entonces el gran fenómeno desde el Mesozoico, o algo así, y el padre se mantuvo firme: aseguró que, en efecto, el no hablaba de un cambio superficial sino de la geografía serrana en su conjunto: nuevos y viejos picachos, otras laderas y cañadas, alteración de cañones, etc.
No se si por evitar una discusión ociosa, o por temor divino, pero nadie de los apretujados en aquella camioneta a la deriva de los tiempos profundizó en la cuestión. Para rematar, Julio señalaba algunos derrumbes y bajadas de agua como prueba.
Siempre quise pensar que el padre Julio comentó aquello como una metáfora de la fuerza del huracán pero no, estoy seguro que lo dijo casi como un dogma de fe; de hecho, aún resuenan en mi, sus palabras; dichas en un tono firme, seguro, incuestionables: “con el Gilberto cambió el perfil de la sierra, se alteró completamente”.
Ni hablar, yo veo que las montañas cambian a cada instante pero por la diversidad de nuestras miradas en el tiempo y en el espacio, o por la depredación humana, no por las tempestades.

Como centro del mundo y salvación de Monterrey
Lo siguiente lo vimos por medio de la mirada y las pláticas de doña Rosa Pequeño quien, desde luego, también tiene una buena historia sobre la tormenta. Esta abuela asegura que el ciclón no fue a morir en la sierra como la mayoría afirma: “nosotros clarito vimos que acabó en la presa”; hablamos de la presa Cerro Prieto de Linares, situada en el ejido donde ella vive; continua: “clarito vimos el ojo del Huracán que venía por el cielo y fue a dar en medio del agua. Luego se oyó como un rugido de mar”.
Como prueba de su versión suele añadir “fue la primera vez que la presa se llenó hasta el tope y tuvieron que abrir las compuertas”.
Desde luego, a veces exagera su condición cuasi marítima y comenta que si el huracán Gilberto no acaba en la presa, hubiera causado más destrozos: “¡Imagínate si va y cae en Monterrey!, no se salva nadie; aquí porque estamos impuestos”.

Como coordenada de tiempo y marca temporal.
Otras referencias sobre el impacto del suceso, en el imaginario popular y la memoria colectiva, las conocí durante los años 93-97, trabajando en campo, especialmente en el centro oriente de Nuevo León.
Platicando con gente de comunidades rurales y realizando entrevistas para un trabajo de investigación nos dimos cuenta de que algunas personas usaban al Huracán de 1988 como marca de tiempo para situar hechos y acontecimientos, individuales o comunitarios. Las Frases “fue antes del Gilberto” y “fue después del Gilberto”, eran relativamente comunes, lo mismo para referir una boda, la pérdida de una cosecha, alguna muerte, o cierta temporada de trabajo en el otro lado.
A veces, incluso, situaban al huracán más atrás, o adelante, del tiempo real en que ocurrió el fenómeno: “estiraban” el recuerdo del mismo para emparejarlo con otro hecho importante de su vida; independientemente del año. Por ejemplo, tengo muy presente la plática con alguien que situaba un pasaje importante de su vida hacia finales de los setentas, “cuando el Gilberto”.

Epílogo.
Es casi inagotable el manantial de narraciones, recuerdos e interpretaciones derivadas del huracán Gilberto, porque la memoria y la historia no son cosas fijas, productos acabados: cambian con el tiempo, los lugares y las personas.
Podríamos, por lo menos, abrir otros tres apartados con igual número de narraciones; por ejemplo: como explicación de indocumentados y promotor de la sociedad civil que se organiza.
En el primero de los casos, entra la referencia de algunos chavos de Fomerrey 20, en San Pedro, quienes aseguraban no tener “papeles”, como actas de nacimiento y certificados de estudios, porque “el río se los llevó, con el huracán”.
César Valdés, un compañero que trabajó con estos adolescentes y jóvenes aseguraba que en realidad nunca tuvieron esos papeles por múltiples razones: no los registraron de pequeños, no terminaron sus estudios básicos, se cambiaron y los perdieron, etc.
En suma: estos chavos “sin papeles” no perdieron sus casas cuando se creció el Santa Catarina, ni los reubicaron como a miles que vivían en sus márgenes. Evidentemente, la creciente del río, cuando el Gilberto, les servía de coartada y justificación; o, simplemente, como una mejor historia que contar.
En el segundo de los casos, obviamente nos estamos refiriendo de la Asociación Gilberto y la colonia San Gilberto, creadas para apoyar trabajos en pro de los damnificados y reubicados por el fenómeno, en algunas de las márgenes del Río Santa Catarina.

Finalmente, es imprescindible anotar una dimensión colectiva del fenómeno: el vínculo de comunidad, remarcado, vía los perecidos en la catástrofe. Muchos tuvimos un conocido ahogado: o el amigo de un conocido, o el familiar de un amigo, o alguien que conocía a alguno de los más de 200 difuntos, que dejó el Huracán. Hay familias que perdieron no uno sino a varios de sus integrantes.
Y si un muerto es mucho, más de doscientos muertos y desparecidos son una catástrofe difícil de olvidar, sobre todo en tiempo de hurakanes.


Bonus Track de los alumnos y maestros, los eternos kompañeros kamaradas:


Mayra Fuentes
58695
Cristóbal López
Huracán Gilberto


Ese fin de semana nosotros teníamos planeado ir de vacaciones a nuestro rancho (ubicado en Arteaga, Coahuila) debido a que era puente, íbamos a pasar esos días ahí. Escuchamos en las noticias que se acercaba un huracán muy fuerte y que toda la gente necesitaba prepararse y tomar precauciones para evitar accidentes.
Mucha gente que sabía que nosotros íbamos a ir, nos empezó a hablar para decirnos que no fuéramos porque el clima iba a estar muy feo. Debido a que empezamos a ver como el clima cambio, decidimos quedarnos.
Cuando estábamos viendo las noticias empezamos a ver como estaba lloviendo y una de las imágenes que más tenemos presentes es la del Río Santa Catarina completamente lleno, el agua llegaba hasta la altura de los puentes y era impresionante ver la fuerza que tenía la corriente, incluso llevaba unos juegos mecánicos que estaban en el río.
En las noticias pasaban imágenes de todo lo que había arrastrado el río y era impresionante ver los destrozos que había por el huracán en toda la ciudad.
Después que pudimos ir a nuestro rancho, hablamos con unas personas que tienen el terreno al lado del nuestro y nos comentaron que ellos si habían ido, y que se habían quedado incomunicados por tres días, porque la fuerza de la corriente destruyó los caminos y no había forma de regresar. Fue entonces cuando dimos gracias a Dios que nos habíamos quedado aquí en la casa.


Sociología Urbana Lucia Chapa 82880
Grupo: 8L Septiembre 26, 2003
Huracán Gilberto


Al igual también la gente iba a comprar baterías para radios y linternas porque aún estuvimos sin teléfono. Todo esto duró prácticamente un día sin luz ni comunicación. Fue realmente alarmante por todo lo sucedido y las muertes que llegaron alrededor de 1000 personas muertas y desaparecidas. En el río se podía ver que flotaban cuerpos, refrigeradores, colchones, salas, etc.



Esther González 81813 26 de Septiembre 2003
Sociología Urbana
Lo que recuerdo del Huracán Gilberto


Yo estaba muerta de miedo porque no dejaba de llover y aparte había unos truenos horribles, yo sentía que se estremecía la casa y alumbraba todo afuera. Estaba más asustada todavía porque viendo las noticias me di cuanta de como el Puente del Papa estaba desbordándose y mi primer pensamiento fue que mis papás no iban a poder pasar por ahí para recogernos. Yo estaba llorando muchísimo y mi abuelita no encontraba como calmarme.



SOCIOLOGÍA URBANA
Héctor Germán González R. 59067
ANÉCDOTA SOBRE EL HURACÁN GILBERTO


Pero cuenta mi mamá que les toco ver que la corriente se llevaba unas casas como de lamina o de cartón y una tía la cual es muy nerviosa estaba embarazada, y se puso muy mal al ver eso, y se la tuvieron que llevar al hospital donde entonces nació mi primo Mauricio de 8 meses de gestación el cual este año cumplió 15 años de edad y nunca se nos olvida su cumpleaños porque nos acordamos que nació el mismo día que el Gilberto.


Mauricio Oyervides Jaime
65456
Huracán Gilberto

Algo que se me quedo muy grabado de esos días era que no parecía que amaneciera, siempre estaba muy oscuro y claro mucho más cuando comenzaba a atardecer, ese huracán eliminó por completo los juegos mecánicos que estaban en el río Sta. Catarina los llamados “juegos manso”, mi hermana me platicó que cuando ella venía de regreso de la preparatoria en uno de los cruces para tomar ronzalitos una de sus amigas y sus padres desaparecieron de su visto justo enfrente de ella cuando se deslavo un trozo de asfalto de la Av. Morones Prieto, gracias a un número de personas que se bajaron a ayudarlos se salvaron.

También recuerdo que durante esos días no tuve clases en la primaria ya que había mucho peligro y no se podía cruzar ningún puente que estuviera sobre el río , ya que estaban en realidad debajo de él.

Escuche muchas veces decir a mis hermanas y a mi hermano que uno o dos de sus amigos o conocidos habían muerto que se los había “tragado el río” y de vez en cuando nos visitaban las comadres de mi mamá que venían a platicar la misma historia que alguien había perecido o que milagrosamente se había salvado, escuche muchos casos en los cuales las personas subían a los techos de sus autos para no ahogarse e incluso me toco ver a dos personas ser salvadas.


Ana Sofía Azcunaga Lozano
82478

Mi tío tenía un rancho cerca del río San Juan que se conecta al río Sta. Catarina y al rancho llegaron muchos botes y basura y también cuerpos, así que los del gobierno les tomaron fotos con un número, los embolsaron y los metieron en camiones refrigeradores. El gobierno había dicho que sólo habían muerto 300 y solamente en el rancho había 1130, Dos meses después se encontraron otro cuerpo en el rancho y lo reportaron pero no querían ir a recogerlo, les dijeron que lo enterraran , como mi tío no quiso tuvieron que ir por el.


Ana Beatriz Nevárez Treviño 26 de Septiembre del 2003
Matricula. 58777

Testimonio del Huracán Gilberto
Del Prof. Rogelio Velásquez de León

Pero lo que más le impactó es que no estábamos preparados para enfrentar a este tipo de fenónemos naturales. No nos prevenimos como se debía haber hecho, sólo un medio oficial a través del Canal 28 de TV. Nuevo León divulgó en sus noticieros, mediante su meteorólogo el Sr. Vidal, la llegada del Huracán. Así como también la Organización de Estrellas de Oro, a través de sus estaciones de radio transmitió en forma ininterrumpida un programa especial durante todo el tiempo que se vio afectado nuestro Estado, siendo esto de gran apoyo , ya que muchas familias recibieron orientación y ayuda para la localización de sus seres queridos.

Para los nuevoleoneses esa fue una lección que nunca olvidaremos, ahí empezó una nueva cultura de prevención, la de prepararnos para enfrentar a la naturaleza, el respetar a un río seco que en unas horas llenó su cauce arrasando con árboles que se habían plantado, unos juegos mecánicos (propiedad de la familia Manzo) que por años fue la diversión de los regiomontanos; pero la pérdida de vidas humanas nos hizo ser mas solidarios en la adversidad.


Mariana Cantú Garza
58646
Sociología
Huracán Gilberto

Esta anécdota me la contó mi tía Mirna Garza, la esposa del hermano de mi mamá.

Ella vivió muy de cerca esta tragedia debido a que su hermano Jorge Garza fue víctima de este huracán.
Ella me cuenta que su hermano Jorge Garza al salir de su trabajo con la meta de llegar a su casa no lo pudo lograr debido a que su carro se desbarranco.
“Gracias a Dios estaban unos señores que lo auxiliaron” me cuanta mi tía con lagrimas en los ojos al recordar que si no hubiera sido por esas personas su hermano no estaría en este momento.
Jorge estuvo en el hospital durante dos semanas debido a que se tuvo que someter a una operación para que le acomodaran la séptima lumbral.
Dice mi tía que cuenta su hermano que ha sido la experiencia mas difícil de su vida porque estuvo muy cerca de la muerte.


Adriana Lara Treviño 26 de Septiembre del 2003
Sociología Urbana 72975
Huracán Gilberto

Yo no recuerdo mucho de lo sucedido en el Huracán, pero lo que si recuerdo es que nos íbamos a venir de Matamoros a Monterrey porque decían que iba a pegar en las costas. No se porque razón decidimos quedarnos en Matamoros y pegó en Monterrey.

Al finalizar esto, hicieron un lugar en donde tienen fotografías de personas que murieron en ese huracán y lo utilizan los familiares que van a llevarles flores o a rezarles. Hicieron un monumento al huracán.



Saira Cortes 26 de Septiembre del 2003
Sociología Urbana 81404
Huracán Gilberto

Fue el 16 de Septiembre y la madrugada del 17 cuando el huracán Gilberto llego a Nuevo León, donde dejo mucha destrucción y muchas perdidas ya que se estima que hubo 90 víctimas, 200 desaparecidos y 105 muertos. El río Santa Catarina se llenó a toda su capacidad, arrastrando árboles, casas, vehículos y hasta una parte de la Avenida Constitución.

Mucha gente perdió a sus seres queridos ya que fue muy fuerte el huracán, mi familia me cuenta que mucha gente vivió momentos muy difíciles ya que perdían sus casas o posesiones y era muy difícil para ellos recuperarse de nuevo, pero mucha gente ayudo a que la gente afectada pudiera salir adelante y así regalarles ropa, comida o lo mas indispensable para su bienestar de todo este problema.

Creo que todo esto sirvió para así sabernos solidarizar más unos con otros y ayudarnos en las buenas y en las malas.


Sofía Guerra Gzz. 25 de Septiembre del 2003
Sociología Urbana 58475
El Huracán Gilberto

Recordando ese acontecimiento en mi casa yo tenía años, usualmente no tenemos muchos recuerdos de esa edad ya que éramos muy pequeños pero no se porque hay algo que nunca voy a olvidar y son como los falsazos de momentos del huracán, íbamos en el carro mis papas y yo porque mis otros dos hermanos todavía no habían nacido , íbamos por Constitución y había mucha gente parada saliendo de sus coches alrededor del río, por supuesto en la parte de arriba mi papá detuvo el carro y era como el mar pero con muchísima fuerza y el agua era de un color oscuro jamás lo voy a poder olvidar, la gente estaba aterrorizada de ver eso, pero creo que me acuerdo porque fue algo demasiado impresionante para mi y nunca lo podré olvidar

Esto que voy a contar lo escucho hasta la fecha ya que hacen entrevistas con las personas que sobrevivieron del huracán y hace un tiempo escuche de un muchacho que se lo llevo la corriente y durante el tiempo que duró dentro del río iba tragando muchas cosas, el solo trataba de sobrevivir así que se metía el dedo para devolver porque tragaba hasta animales, gracias a Dios lo pudieron salvar, pero si a el le hubiera ganado el pánico y no hubiera devuelto todo lo que tragaba lo más probable es que el hubiera muerto, como mucha gente en ese huracán que nunca será olvidado.












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